12 de octubre

Marlene Corona Vigoritto

12 de octubre 

Te dedico un recuerdo en honor a que el planeta le ha dado una vuelta más al sol. Quisiera decir que es el último pero esa es una mentira que he dicho ya muchas veces. 

Las fechas son cárceles, conjunto de números que significan -o no- pero igual atrapan. Hoy, la fecha me ha puesto a mí y a mis letras tras las rejas de las memorias que no se evaden, memorias de la piel y los labios, memorias llenas de música y cerveza, de noches, de besos robados en un estacionamiento ante las puertas del infierno.
No te amaba entonces, no te amo ahora, pero en el medio ¡Carajo! en el medio te amé con indecente locura, con delirio cadencioso, con cada poro, con millares de lágrimas, te amé hasta con los dedos de los pies. 

Un amor con características de gran tragedia; unilateral, intermitente, apasionado…

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Parafilia: Frotación.

Me encantó

Cuentos Indelebles

Nunca sabré bien lo que quiere una mujer, lo que espera de mí, si es que quiere que juegue con ella o por el contrario, hacerme su juguete; ¿cómo puedo saberlo? Mis manos tampoco pueden abrazar su psique, el enigma es el deseo que la mueve, y soy yo quien tengo que proponer las fatales preguntas. Lenguaje del tacto, alusiones de los cuerpos.

El comportamiento de las mujeres varía como el cielo y como él es imprevisible, sólo se deja interpretar a través de signos dudosos, vuelo de pájaros, formas cambiantes de las nubes, situación de los astros: se diría que esa de ahí te busca, pues se ha aproximado  tanto, tan cerca están sus dedos, tan jadeante es su respiración, pero luego es una losa, un muro. Y esa otra a la que no habías visto hasta ahora, ¡qué aire compungido y de reproche tiene al acercarse! Y aquella…

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Hubiera

Hubiera, del verbo haber en pretérito imperfecto. Imperfecto…

Me llamo Olga Marina y a veces me da por  hacer introspección personal y torturarme con los “hubiera”.

Casi siempre como filosofía de vida soy optimista, de esos odiosos optimistas que se aferrar a ver el vaso medio lleno. Cavilo, reflexiono y llego a la conclusión de que estoy en un buen momento de mi vida; tengo una hermosa familia, mi trabajo me apasiona, aprendo de él todos los días, la gente me sonríe cuando me mira, mi casa es acogedora, me doy tiempo de leer, todos los días camino más de 3 kilómetros, tengo mis padres vivos y mis hijas son la máxima expresión del amor.

Pero luego, volteo la moneda, bajo la mirada y mi sonrisa y pienso; de que me sirve llevar una vida sana, no tomo, no fumo, no me desvelo, hago ejercicio y de todos modos no me gusta ver mi cuerpo al espejo, nomás no se compone; mis últimos intentos de relación han sido una tragicomedia a la cual prefiero verle el lado gracioso porque para tragedias ya me cansé, en facebook tengo un perfil más falso que la sonrisa que me cargo a veces. Tengo casi cuarenta años y sigo soltera y sin una remota probabilidad de que esto cambie.

No, no vaya usted a pensar que me pesa la soledad, nada más engañoso que eso. Amo mi soledad, sólo que a veces me hastía, como todo eso que quieres y odias por una extraña razón.

Habiendo cerrado este paréntesis, le confieso que llegan los malditos fantasmas del tan odiado “hubiera”. <<Si hubiera aceptado la plaza que me ofrecían en Pemex hace casi veinte años, nada de esto hubiera pasado. No hubiera conocido al padre de mis hijas, probablemente afiliada al sindicato de la paraestatal hubiera tenido el carro de mis sueños, la casa de mis sueños y muy probablemente ya hubiera recorrido Alemania. Tal vez estuviera soltera sin hijos recorriendo el mundo o tal vez casada con la familia perfecta que siempre soñé.>>

Si yo hubiera. Si yo hubiera. Si yo hubiera, pero no. Estoy aquí y ahora con los claroscuros que me da la vida, con la balanza a la mitad, intentando ver el lado amable y aferrándome a todo lo bueno que tengo. Confieso que cada día que va pasando me cuesta más y más trabajo hacerlo, pero me resisto a pensar que terminaré cediendo y jugando a lo que la demás gente te empuja. Tal como lo hiciera hace muchos años, estudiar, ser una niña callada, que no de problemas, estudiar, trabajar, casarme, tener hijos y al cabo de un tiempo darte cuenta que así no era lo que yo quería, mal estuvo con haber tomado la decisión de hacerlo porque la sociedad eso dicta.

Pero bueno, voy a seguir aquí, a pesar de los pesares, de todos los hubiera e hipótesis existenciales. Al fin y al cabo que es la vida sino una prueba de resistencia.

Ya no me buscaré porque luego me encuentro y no siempre me gusta lo que veo.

¡Total! nadie me lee

Hace muchos años descubrí que me gustaba escribir. Tal vez lo hago terrible como cuando se me ocurre cantar, pero, ¡hey! Dije que me “gustaba” no que “sabía” hacerlo. De repente me viene algo a la mente y lo escribo, ahora con la tecnología en tu propio móvil puedes escribir sin esperar a tener un papel y lápiz para plasmar la idea (que muchas veces llegaba alterada a la original por el tiempo transcurrido). Sin embargo una de las cosas que me pesó en demasía cuando estuve casada fue que nunca me di tiempo de escribir; simplemente enterré ese placer y me volqué a ser esposa y madre, olvidando por completo el ser mujer.

Paradójicamente la escritura la retomé a manera de catarsis cuando me divorcié (me cuesta mucho decir la palabra divorcio y sus variantes). Había ido hablar con un abogado mi situación una mañana de junio cuando llegué a mi casa por la tarde, me encerré en mi cuarto, tomé un pequeño cuaderno con pasta verde y empecé a escribir, muchas veces tuve que interrumpir el manuscrito porque las lagunas que invadían mis ojos me lo impedían. Este cuaderno esta  “escondido” estratégicamente  para recordarme aquella decisión que me arrancó la piel. Sólo una vez me atreví a releerlo ya que lo que había vomitado en esa ocasión fue infame, miré a mis demonios por primera vez a los ojos y los enfrenté. Me avergüenza tanto lo que escribí, yo misma me desconozco, definitivamente esa versión de mi misma me aterra.

En esa misma época me topé con “facebook”, al principio no comprendía el por qué de su popularidad, poco a poco fui aprendiendo, incluso pensé que era una buena plataforma para plasmar ideas y emociones, y pensándolo bien SI lo es, el inconveniente tal vez sería la gente que opina de ellas; muchas veces he pensado en renunciar y no exponerme más, pero cuando el fantasma de la intolerancia se va de paseo hago limpieza emocional e higiene mental.-Intolerancia- es otra de mis asignaturas pendientes, me cuesta mucho trabajo vivir con ella, todos los días al verme al espejo la invito a quedarse dormida en mi cama para que no importune mi día.

Al verme tan estéril de ideas he releído casi todo mi muro a cinco años de distancia y veo tantas metáforas cursis y torpes, divagaciones nostálgicas que escribí tantas veces por el placer de hacerlo y otras tantas porque deseaba que alguien lo leyera. Reconozco que me cuesta (y mucho) canalizar mis emociones de manera correcta, pero el esfuerzo vale la pena. He pecado tantas veces de tediosa que aburro, lo sé, pero el ser divertida o cool no son mis cualidades y cuando lo intento suele acabar mal.

Por lo pronto, reinicio mi bitácora personal con el entusiasmo un poco desgastado pero con las intenciones intactas. ¡Total! Nadie me lee.

Gustavo Adrian Cerati

El pasado 15 de mayo se cumplieron cuatro años de que Gustavo Adrian Cerati fuera sorprendido por un coma profundo a raíz de un accidente cerebro vascular.

Los médicos no dan muchas esperanzas, argumentando que los “signos de vida” que manifiesta Cerati son propios del estado vegetativo en que se encuentra.

Por su parte su madre dice que su piel esta espléndida, que tal pareciera que esta dormido. “No puedo desconecta a Gustavo y es un placer dedicarme a él” “Soy una admiradora de mi hijo, me encanta todo lo que hace”

Así describe Adrian Owen, de la Universidad de Western Ontario, en Canadá, a la persona en estado de coma: “imagine que se despierta dentro de una caja que está hecha a su medida, de la cabeza hasta los pies… Que  es una caja extraña porque puede escuchar absolutamente todo lo que pasa a su alrededor; y, sin embargo, su voz no puede oírse” “de hecho, la caja se ajusta tan bien alrededor del rostro y los labios que no puede hablar ni hacer ningún ruido, ve y escucha a su familia lamentando su suerte…. Dice que el lugar  está demasiado frío y luego demasiado caliente…. Que siempre tiene sed, que las visitas de sus amigos y familiares comienzan a disminuir. Y no hay nada que pueda hacer al respecto”….

Agrega: las personas en “estado vegetativo” están despiertas aunque inconscientes… Sus ojos pueden abrirse y a veces vagar…. Pueden sonreír, agarrar la mano de otra persona, llorar, gemir o gruñir, pero son indiferentes a un aplauso, incapaces de ver o de entender el habla;…  Sus movimientos no son intencionales, sino reflexivos…

Confieso que nunca he sido fan de Soda Stereo o Cerati, sin embargo nunca he puesto en tela de juicio la calidad de “grande” que se ha ganado a pulso. Entonces, ¿A que viene todo esto? Sólo para compartir que hace dos días soñé que este ser humano despertaba del coma. Era una habitación muy iluminada, en la que se podía sentir el aire entrar por la ventana, lo miré recostado con una camisa rosa pálido y su pelo alborotado; se movía, empezó con las manos levemente y así hasta que hacía fuerza con los brazos para recargar su espalda; abría los ojos y sonriendo me decía que tenía sed.

¿Por qué lo soñé? No lo sé. No me explico. Solamente puedo concluir que sí esto llegará a suceder una gran parte del mundo festejaría, se sentirían muy dichosos y con esperanza en su corazón.

Puede gustarte o no el estilo de Cerati, lo que sí es incuestionable es la gran calidad de sus letras y talento musical. Difícilmente alguien de mi generación ignore quién fue el creador de Soda Stereo.

De soliloquios y apegos.

¿Por qué? esa palabra en medio de interrogantes nunca me ha gustado del todo, tal vez porque no hay respuestas que complazcan. ¿Por qué decidiste dejarme? ¿Por qué esas guerras ridículas donde ninguno de los dos gana? ¿Por qué no nos damos una tregua? ¿Por qué me aferro a la oquedad de tus “tal vez”? ¿Por qué al despertar siempre estas tú? ¿Por qué te soñé, otra vez? ¿Por qué no puedo escupir a tu ausencia? ¿Por qué eres tan idiota? ¿Por qué soy tan imbécil? 

Ayer en la noche sucedió otra vez, ese maldito soliloquio aparece como fantasma y tiene su propio ritual; me acuesto en la cama, cruzo mis manos tras mi nuca y veo el techo de mi cuarto, lo veo y le sonrío por horas; a veces pierdo la vista quedando sólo destellos al apretar los ojos como evadiendo esas escenas donde somos protagonistas. Orgullo maldito, ese sentimiento ruin ¿quién lo inventaría?.

Al día de hoy no he encontrado las respuestas que llenen esos vacíos. Lo que si puedo agradecer es que gracias a ese tiempo “perdido” he podido verme, conocerme y aceptarme.

Sigue tú con tus argumentos apegados a estricto razonamiento, que yo me quedo aquí con mis ideas utópicas.